Cuando el planeta se queda sin agua

El estrés hídrico es uno de los problemas más graves a nivel mundial y está determinado por el uso indiscriminado del recurso y sus consecuencias sobre las fuentes de agua. Las proyecciones indican que la situación seguirá avanzando en dicho sentido, pero está en nuestras manos colaborar para revertirla.

Sin Agua

Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) creó el término de estrés hídrico para hacer referencia a la situación en la que la demanda de agua es más importante que la cantidad disponible, o cuando su uso se ve restringido por su baja calidad, lo que significa que a nivel industrial, agrícola y doméstico la necesidad no está cubierta.

Esto provoca un deterioro en la cantidad de agua de los recursos de agua dulce –como acuíferos sobreexplotados y ríos secos– y en su calidad, como eutrofización (exceso de nutrientes que causa proliferación de ciertas algas), contaminación o intrusión salina.

Si bien estrés hídrico se refiere de manera directa a sequía y desertificación, también significa exceso de agua (inundaciones y crecidas de ríos), lo cual ocurre, en la inmensa mayoría de los casos, por el mal manejo de los suelos, la producción de cultivos de manera inadecuada, la tala de bosques, entre otros.

La situación cordobesa

Stress Agua

Las ciudades con estrés hídrico son las que utilizan, al menos, un 40 por ciento del agua disponible y son los países más industrializados los que ven el problema más de cerca.

Nuestra ciudad de Córdoba, en tanto, padece “estrés hídrico” por estar enclavada en una región con escasa disponibilidad de agua superficial, largos períodos de sequía, precipitaciones concentradas en la época estival y red fluvial de bajo caudal, entre otros factores.

Junto con esta realidad se registran elevados niveles de consumo domiciliario, muy superiores a los habituales en otros lugares de la provincia y el país y muy por encima de la media mundial. De hecho, se calcula que cada cordobés utiliza más de 350 litros de agua potable por día para sus actividades diarias, llegando a 420 litros en verano, cuando lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 100 litros diarios.

Si miramos hacia adelante, las previsiones no son muy alentadoras: la Agencia Europea de Medio Ambiente (Aema) asegura que el calentamiento global producirá menos lluvias, más intermitentes, y un aumento de las temperaturas, lo que hará crecer la demanda.

Responsabilidades y soluciones compartidas

Los especialistas y las instituciones abocadas al tema aseguran que el problema no se resolverá incrementando la oferta de agua, sino gestionando el consumo eficiente y el cuidado del agua. Y en este sentido las acciones deben realizarse desde los gobiernos, las instituciones y las grandes empresas e industrias, con una adecuada planificación y gestión, como así también desde cada hogar.

Reducir el consumo a lo indispensable, reutilizarla y aprovechar el agua de lluvia para riego y limpieza son acciones básicas y cotidianas con las que puede ayudar cada persona y cada familia.

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